• Andrew Ramz

Jaeden II

Updated: Feb 8

Nadie dijo que la escuela fuera fácil


—¡Hola! Este es tu amigable vecino, El Hombre Araña, y es hora de que te despiertes. ¡Que tengas un día estupendo!

—El Hombre Araña, El Hombre Araña, lucha contra el crimen donde quiera que esté. ¿Puede salvar a todos sus amigos, de los que amenazan sus vidas? ¡Oh si! Porque él es El Hombre Araña.

—Son las siete de la mañana. ¡Es hora de levantarse, campeón!

Me alegra tener este despertador del Hombre Araña. Qué mejor manera de comenzar el día que ser despertado por mi superhéroe favorito. Hoy estoy más feliz de lo usual. ¡Anoche fue fantástico! Ahora estoy seguro de que mi sueño se hará realidad pronto. Me hace sentir super emocionado. Tengo tanta energía que me levanto de la cama y empiezo a bailar con el ritmo de la canción del Hombre Araña que comenzó a sonar. Luego doy un gran salto de la cama y empiezo a sacar la ropa que me voy a poner del closet. Mi mami toca la puerta.

—¿Jaeden, estas despierto?

—¡Si Mami!

—Bueno. Baja en diez minutos.

—¡Okie dokie!

Ella siempre toca la puerta unos minutos después de que suena mi despertador para asegurarse de que ya estoy despierto. Antes tenía otro despertador que no me despertaba. Y cuando Mami entraba en la habitación y se daba cuenta de que no estaba despierto, enloquecía. Y luego Papi se volvía loco también porque se nos hacía tarde para ir a la escuela.

Pero ahora es imposible de que no me despierte con la hermosa canción del Hombre Araña. ¡Me encanta! ¿A quién no le gusta Spidey? Especialmente cuando es interpretado por el gran Danny Williams. Es súper famoso y todos lo aman. Me cae muy bien. Quisiera ser tan asombroso como él.

Spidey es mi superhéroe favorito porque me puedo identificar con él. Hay veces que siento que encajaría perfectamente en el superhéroe; un superhéroe que se parece a un niño, que va a la escuela, que tiene problemas para hablar con las niñas y que necesita cuidar su espalda porque los acosadores siempre lo molestan.

Eso probablemente lo que más odio de la escuela. Los acosadores. Se creen que son mejores que todos y que tienen derecho de molestar a quien quieran. Me encantaría que el Hombre Araña cobre vida y patee sus traseros apestosos.

Me visto rápidamente y voy a la cocina para desayunar. Tan pronto mi perrita, Candy me ve, mueve la cola y viene hacia mí. Ella se acuesta en el suelo para que pueda hacerle cosquillas en su panza.

—¿Quién es una buena chica? ¿Quién es una buena chica?

Papi todavía no sabe que estoy aquí porque está de espaldas a la puerta de la cocina. Está sentado a la mesa, tomando café de la taza amarilla que le di en su último cumpleaños. “El mejor Papá del mundo" está escrito a un lado, junto con algunos dibujos que hice con marcadores de diferentes colores. Doy unos pasos en silencio y lo sorprendo dándole un abrazo.

—¡Hola, Papi!

Sus mejillas se inflan como un pez globo para evitar escupir su café. Papi vuelve a poner la taza amarilla sobre la mesa y se da vuelta para mirarme con una gran sonrisa. Me acerca a él y me abraza.

—¡Jaeden! —dice, un poco sorprendido—. No te escuché venir. ¡Me sorprendiste totalmente!

—¡Es porque soy un ninja! Me muevo en las sombras para que no me puedan ver.

—Entonces, ¿no vas a saludar, ninja? —Mami pregunta. No sé lo que está preparando en la sartén. Pero huele muy delicioso.

Me acerco a ella y le doy un abrazo.

—¡Hola, Mami!

¡Hola, cielo! —Ella me sonríe y me da un beso en la frente.

¿Qué estás cocinando? —pregunto, tratando de mirar dentro de la sartén.

—Tu desayuno favorito. Huevos con tocino y vegetales —ella dice, volteando la comida en la sartén—. Y jugo fresco de naranja.

Qué manera tan deliciosa de comenzar el día.

—¿Todavía estás emocionado por haber lanzado el cohete? —Papi pregunta.

—¡Sí! ¡Fue increíble! —digo, sentándome en la mesa junto a él.

—Tú y Wade trabajaron muy duro para construir ese cohete —Mami dice.

—¿Nos vas a decir por qué decidiste construir un cohete? —Papi pregunta.

Cuando apagas las velas de tu pastel de cumpleaños y pides un deseo, no debes decirle a todos lo que pediste, porque tu sueño no se hará realidad. Esto es lo mismo. No puedo decirles la verdadera razón por la que decidí hacerlo.

—¡Solo por diversión! —digo, sonriendo.

A Mami le toma unos minutos terminar de preparar el desayuno. Luego pone los platos frente a nosotros sobre la mesa. Los dos platos tienen caras sonrientes formadas por dos huevos que son los ojos, algunas tiras de tocino que son la boca, algunos brócolis que es el pelo y finalmente dos chícharos pequeños que son la nariz.

—¡Huele delicioso, Lorraine! —Papi dice encantado.

—¡Nunca te cansas de sorprendernos, Mami!

—Lo sé —Mami dice, sonriendo—. Lo hice especial para los dos. Para las dos personas más importantes de mi vida.

—Somos muy afortunados de tenerte en nuestras vidas. ¿No es así, Jaeden? —Papi dice, mirándome.

—Si. ¡Gracias Mami! Eres la mejor.

Estoy a punto de comenzar a comer cuando de repente ella detiene mi mano.

—¿Te lavaste las manos después de hacerle cosquillas a Candy?

Niego con la cabeza.

Me mira por unos segundos como si estuviera pensando en lo que me va a decir.

—Ahora veo por qué has estado enfermo últimamente. —Respira profundamente y toma mi rostro en sus manos—. Cariño, debes tener más cuidado. Te hemos dicho que necesitas lavarte las manos antes de comer —dice en voz baja—. De lo contrario, te seguirás sintiendo enfermo. Y estoy segura de que no te gusta estar enfermo, ¿verdad?

Niego con la cabeza.

—Y por favor no pises las flores otra vez. Todas están destruidas. Sabes cuánto me gusta ver florecer nuestro jardín. De lo contrario, sabes lo que te sucederá...

La cara de Mami ahora parece que quiere hacer travesuras. Es demasiado tarde cuando me doy cuenta de lo que está a punto de hacer. Ella levanta mis brazos y los sostiene con fuerza mientras me hace cosquillas en las axilas. Y rápidamente Papi une fuerzas con ella y hace lo mismo. Me río tanto que me duele la panza.

Cómo amo nuestras mañanas.

Rápidamente voy al baño a lavarme las manos y luego regreso al desayuno.

Estaba seguro de que podría comer toda la deliciosa comida que Mami había preparado para nosotros, pero apenas como la mitad. Entonces Papi se comió el resto. No he tenido mucho apetito. No estoy seguro de lo que está pasando conmigo. A veces no me siento muy bien. Supongo que es porque estoy a punto de convertirme en un niño grande.

Voy al baño a lavarme los dientes, luego me pongo los zapatos, agarro mi mochila de El Hombre Araña y voy a la sala donde Papi está esperando para llevarme a la escuela. Me despido de Mami y Candy y me subo al auto que está estacionado en la entrada. Es un viejo Volvo negro que, por lo que puedo recordar, a Papi siempre le ha costado arrancar. A veces lleva más tiempo que otras.

Papi gira la llave mucho, pero el auto no arranca. Hay un sonido débil que viene del motor. Parece que está por encender, pero luego muere.

—¿Por qué siempre es difícil arrancar el auto? —pregunto con curiosidad—. Otros autos arrancan en el primer intento.

—Porque hay un problema con el motor —Papi dice sin mirarme. Él sigue intentando encender el auto.

—¿Por qué no lo llevas a un mecánico?

—Porque no es barato. Además, hay prioridades más importantes.

—¿Por qué no le pides al Abuelo Frank que lo arregle?

Papi se reclina en su asiento y se ríe. Me mira por el espejo retrovisor, levantando las cejas.

—Oh, ya sabes cómo es él. Está demasiado ocupado para ayudar a los demás. Simplemente no está en él hacer cosas buenas por otras personas.

Papi sigue intentando encender el auto, pero esta vez parece una misión imposible. Apoya la cabeza sobre el volante, respira hondo y luego murmura la palabra prohibida que comienza con m.

—¡Chicos! ¿Quieren que llame para un taxi? —Mami nos grita desde la ventana de la cocina.

—¡No! Lorraine, puedo hacerlo... —Papi dice, no en voz alta.

—¿Estás seguro? Esta vez está tardando un poco más. No quiero que se pierdan la escuela y el trabajo.

Papi comienza a verse impaciente.

—Créeme. Estoy seguro de que está por arrancar.

Papi gira la llave rápidamente y el auto finalmente arranca.

—¡Ha! Te lo dije.

Mami comienza a aplaudir.

—¡Que tengan un bonito día! ¡Los amo a ambos!

Justo a tiempo. Parece que vamos a llegar a tiempo a la escuela y al trabajo. Vivimos en las afueras de la ciudad y, a veces, hay mucho tráfico para llegar a la escuela. A veces nos toma entre veinte y treinta minutos. Comienzo la escuela a las ocho y cuarto. Y Papi empieza a las nueve. Entonces tiene suficiente tiempo para llegar a su trabajo al otro lado de la ciudad.

El tiempo vuela cuando estamos en el auto porque Papi siempre pone un CD de David Bowie y cantamos las canciones hasta la escuela. Siempre la pasamos muy bien juntos. Cuando llegamos a la escuela, Papi se detiene justo en frente de la entrada principal donde todos los padres dejan a sus hijos. Sale del auto, me abre la puerta y me ayuda a salir. Luego besa en lo alto de la cabeza y nos damos un gran abrazo de oso.

—¡Adiós, Papi!

—¡Que tengas un buen día, Jaeden! Cuídate.

Mi escuela está lejos de casa porque mi mami pensó que este era el mejor lugar para comenzar el jardín de infantes. A diferencia de las otras escuelas que estaban cerca de casa todos aquí debían tener la misma edad para comenzar la escuela. Todos teníamos cinco años mientras que en otras escuelas la mayoría de los niños que estaban a punto de comenzar el jardín de infantes tenían seis años.

Mami dijo que podría ser un problema para mí estar rodeado de niños mayores. Entonces, ella y Papi decidieron inscribirme en esta escuela primaria pública donde no tendría problemas con los otros niños. Aquí es donde conocí a mis mejores amigos, Wade y Laura.

Voy al aula 16 para mi clase de inglés. Estoy caminando por los pasillos del tercer y cuarto grado. Este es mi lugar favorito en la escuela porque todo es muy colorido. Los casilleros parecen ser un arcoíris y hay murales en las paredes que nosotros, los alumnos de cuarto grado, pintamos al comienzo del año escolar. Dibujé a mi Mami y Papi. Todos estamos tomados de la mano. Y detrás de nosotros El Hombre Araña está colgado boca abajo y saludando.

A diferencia de aquí, los pasillos de sexto y séptimo grado son aburridos. Todo es negro y gris. Parece como si estuvieras en una base imperial de La guerra de las galaxias.

De repente, alguien me rodea con el brazo y me atrae hacia él.

—Mira a quién tenemos aquí. Es mi amigo Jaeden Phillips. Te estaba buscando —dice el Kevin el acosador.

—¡Déjame en paz, Kevin!

Intento alejarme de él, pero me abraza con fuerza. Luego su rostro se acerca mucho al mío como si estuviera a punto de susurrarme un secreto al oído.

—¿Cómo no te da vergüenza venir a la escuela en ese pedazo de basura que conduce tu papá? —me susurra al oído, burlonamente.

Finalmente me las arreglo para escapar de él. Empiezo a caminar más rápido con la cara hacia abajo, fingiendo que no lo escuché, pero él sigue caminando a mi lado diciéndome cosas malas.

—Me sorprende que los policías aún no se hayan llevado ese auto viejo y feo. Parece una chimenea porque deja salir una enorme nube negra cada vez que se mueve —dice, riéndose en mi cara.

Intento correr, pero sus amigos se meten en mi camino.

—Tranquilo, amigo —Kevin dice detrás de mí—. Solo queremos hablar. Es todo. ¿No es así, chicos?

Ellos asienten.

Kevin siempre está acompañado por el gran Billy, Randall y Santiago. Ellos forman la pandilla que molestan a casi todos los niños de cuarto y quinto grado.

Mi corazón late muy rápido y mis manos no dejan de sudar. Empiezo a mirar a todos lados con la esperanza de que alguien me ayude. Pero todos siguen caminando con la cara hacia abajo.

—Nadie te va a ayudar, ¿sabes por qué? —Kevin dice entre risas—. Porque todos nos tienen miedo. No vale la pena rescatarte.

Sus amigos comienzan a rodearme hasta que estoy atrapado en medio de un círculo. Kevin me mira a los ojos y comienza a caminar lentamente hacia mí. Hay una mirada malvada en su rostro que hace que parezca que estoy mirando una serpiente. Comienzo a retroceder hasta llegar a los casilleros rojos en la pared. Kevin se detiene cuando está muy cerca de mí. Hasta puedo escuchar su respiración. De repente, golpea los casilleros con el puño y grita al mismo tiempo mientras me mira con la cara más fea que he visto en mi vida.

Sus amigos comienzan a reírse a carcajadas.

—¡Parece que ha visto un fantasma! —Randall dice.

Me tiemblan las piernas como si me estuviera congelando en el frío del invierno. No sé qué hacer. Quisiera que mi mami pudiera estar aquí para protegerme.

—Sabes lo que te sucederá si le dices una palabra a alguien. ¿Verdad? —Kevin dice, muy calmado.

Asiento inmediatamente.

—¿Dónde está mi dinero? —Él extiende su mano sin apartar la vista de mí.

Rápidamente empiezo a buscar mi dinero en mi mochila, pero mi mano no deja de temblar. Finalmente encuentro unos billetes de un dólar y algunas monedas y rápidamente se los doy a Kevin.

—Buen chico. —Me da una palmadita en el hombro y sonríe—. Creo que me estás empezando a agradar, Jaeden. Siempre pagas a tiempo. Tal vez si los demás fueran como tú, no tendría que hacerles cosas malas.

Mi corazón late tan rápido que parece que saldrá de mi pecho en cualquier momento.

—Oye, todo está bien. No te voy a molestar por el resto de la semana. En realidad, no puedo prometerte eso. Todo depende de mi estado de ánimo —Kevin dice, riendo.

De repente empiezo a sentir ira. No sé por qué. Esto es algo que nunca antes había sentido con Kevin. Pero estoy harto de que siempre haga lo mismo y que nadie haga nada al respecto.

—¿Qué? ¿Por qué me miras así? ¿Hay algo que quieras decirme? —dice, desafiándome.

Me encantaría decirle a Kevin que su aliento huele a basura, pero no me atrevo a decírselo. Todavía le tengo miedo.

—Kevin... —el gran Billy dice.

—¡Vamos, dilo! Estoy seguro de que te gustaría decirme algo.

—Kevin...

Se da vuelta para mirar furiosamente al gran Billy.

—¡Qué!

—La señorita Kathy se está acercando —dice, señalando con el dedo.

La señorita Kathy comienza a acercarse a nosotros. Ella camina muy rápido y no quita los ojos de Kevin. El sonido de sus tacones retumba en el pasillo cada vez que da un paso. Ella se ve enojada.

Inesperadamente, Kevin me abraza como si fuéramos mejores amigos.

—Muchas gracias, mi querido amigo, Jaeden —dice en voz alta—. ¡No sé qué haría sin ti!

La señorita Kathy se para frente a nosotros con los brazos cruzados y no deja de mirar a Kevin.

—¡Buenos días, señorita Kathy! —Kevin dice, amablemente—. Qué hermoso día, ¿no le parece?

—¿Qué le estás haciendo a Jaeden? —la señorita Kathy dice enojada. Ella sigue mirándolo con sus ojos muy serios.

Kevin niega con la cabeza.

—¡Nada! ¡Lo juro! —Rápidamente pone su mano al lado de su corazón—. Solo estoy agradeciendo a mi amigo por ayudarme con mi proyecto de ciencias. ¿No es cierto, chicos?

Ellos asienten.

La señorita Kathy parece que está a punto de lanzar fuego por la nariz. Ella se ve furiosa. Pero cuando se da vuelta para mirarme, su rostro cambia totalmente. Ella me sonríe muy amablemente. La señorita Kathy parece un ángel que ha venido a rescatarme.

—¿Estás bien, Jaeden? —pregunta en un susurro.

Asiento con la cabeza.

Ella me hace una señal con su mano para que vaya hacia ella. Voy lentamente hacia ella, con la cabeza gacha. Luego mira furiosamente a Randall y sus amigos.

—¡Es hora de que se vayan a sus salones! ¡Dense prisa! —dice bruscamente, sin quitarles la mirada de enojo.

Se van rápidamente, aterrorizados, pero no Kevin. Se ve más tranquilo. Agita su mano y me sonríe.

—Te veo en el aula, amigo.

Cuando se van, la señorita Kathy se arrodilla frente a mí. Ella me toma por los hombros y me mira a los ojos.

—¿Te hicieron algo?

Niego con la cabeza.

—¿Estás seguro? Sabes que puedes confiar en mí.

Asiento con la cabeza.

Se pone de pie y me mira con amor como mi mami y mi papi lo hacen.

—Te llevaré a tu aula de clases —ella dice, tendiéndome la mano—. Vamos.

Tomo su mano y comenzamos a caminar juntos.

Bueno, lo admito. La escuela nunca ha sido fácil. Especialmente por los acosadores que siempre intentan hacer imposible la vida de todos. Este año escolar ha sido difícil debido a Kevin. Se supone que él no tiene estar en cuarto grado con nosotros. Tiene doce años y Mami me ha dicho ha repetido el grado durante tres años consecutivos. No entiendo por qué sigue aquí. Es la persona más tonta que he conocido. Siempre reprueba todas las clases.

Desde que comencé cuarto grado, siempre me ha pedido dinero a cambio de no molestarme. Pero aunque le de mi dinero lo sigue haciendo todo el tiempo.

A veces los maestros lo ven molestándome a mí o a cualquier otro niño y lo llevan a la oficina del director. Estoy bastante seguro de que está en la lista negra de todos los maestros de esta escuela. Ha sido suspendido muchas veces y luego durante los días siguientes se comporta, pero pronto vuelve a ser malvado.

Han habido algunos que se han atrevido a enfrentar a Kevin, pero todos han caído en el intento. Se mete con casi todos, excepto los niños populares. Son intocables. Creo que las ventajas que tiene sobre todos nosotros es que es el niño más alto en cuarto grado, es mayor que el resto de nosotros y también porque su grupo de acosadores lo sigue a todas partes.

No creo que nadie en la escuela haya visto a su padre. Hay rumores de que está en la cárcel. Pero nadie lo sabe con certeza. Lo único que todos saben es que tiene un hermano mayor y que su madre trabaja en una carnicería. Siempre usan ropa oscura y tienen los mismos rostros enojados todo el tiempo. Creo que eso es lo único que tienen en común porque Kevin y su hermano son flacos y su madre es grande y gorda.

Debo decir que hoy, por primera vez, sentí ira cuando estaba frente a él. Todo este tiempo le he tenido miedo. Pero ahora estoy cansado de que él siempre haga lo mismo. Pero tengo miedo de decir algo que pueda hacerlo enojar. Ha habido ocasiones en que los niños le han dicho cosas y él los ha golpeado. Lo peor de todo es que tenemos casi todas nuestras clases juntos. Desearía que desapareciera para siempre.

—Aquí estamos —la señorita Kathy dice.

—Gracias —digo, mirando hacia el suelo amarillo.

—De nada, Jaeden. —Me toma la barbilla y me mira a los ojos—. Y recuerda, si Kevin y sus amigos te están molestando, no lo pienses dos veces antes de venir a decírmelo.

Asiento sin mirarla. Entro en el aula y veo desde la distancia que Kevin no deja de mirarme. Camino con la cabeza baja hacia mi mesa en medio del aula y me siento.

—¿No vas a saludar, Jaeden? —Wade pregunta desde el asiento detrás del mío.

—Oh. Wade, Laura. Lo siento —digo, dándome la vuelta en mi asiento—. No los vi.

—¿Está todo bien? —Laura pregunta. Ella está sentada en el asiento al lado del mío.

Asiento con la cabeza.

—Le estaba contando a Laura sobre el cohete que lanzamos ayer. No puede creer que haya llegado al cielo —Wade dice.

—¡Y no solo el cielo, sino que también tocó las estrellas! ¡Fue increíble! —digo.

—¿En serio? —Laura pregunta, asombrada—. Oh, ojalá pudiera haber venido a tu casa. Hubo una reunión familiar aburrida que mis padres y yo no podíamos perder.

—¡Tuve uno de los mejores días de mi vida! —Wade dice emocionado—. Mis padres y yo fuimos a cenar a la casa de Jaeden. Jaeden y yo jugamos videojuegos por un tiempo, y luego trabajamos en los últimos detalles del cohete. No hubiera sido posible lanzar el cohete sin la ayuda de tu papá, Jaeden. ¡El mecanismo que hizo funcionó perfectamente!

—¡Oh, si! Antes de que tú y tu familia llegaran, Papi me ayudó a crearlo. ¡Todavía no entiendo cómo funciona exactamente. Pero la idea que tuvo de que el cohete se lanzaría cuando tiráramos de las cuerdas fue increíble!

—Voló tan alto que durante un par de minutos no pudimos verlo. Luego lo vimos caer con el paracaídas, gracias a la luz de los pequeños palitos luminosos que le pusimos. Aterrizó a una cuadra de distancia. ¡Pero lo recuperamos!

—¡Nuestros sueños finalmente se harán realidad!

—¡Sí! —Wade dice con la misma emoción y nos chocamos los cinco.

—¡Mi sueño de vivir en una mansión finalmente se hará realidad! —Wade dice, sonriendo de oreja a oreja—. Y tendré un mayordomo como Bruce Wayne, y tendré un pequeño zoológico en mi patio trasero lleno de avestruces que montaré, y el garaje estará lleno de autos deportivos, y tendré una enorme sala de juegos llena de videojuegos y juguetes!

—¡Y estoy seguro de que mi sueño también se hará realidad pronto!

—¿Por qué sus sueños se harán realidad? —Laura pregunta, mirándonos con curiosidad.

—Porque mi mami me dijo que las estrellas es donde están los sueños —digo—. ¡Y si pones en práctica las cuatro virtudes en todo lo que haces y trabajas duro, volarás tan alto que alcanzarás las estrellas y luego todos tus sueños se harán realidad!

—¿Y cuáles son las cuatro virtudes? —Laura me pregunta.

—Perseverancia, pasión, fe y esperanza.

Laura permanece en silencio por unos momentos mientras se acaricia la barbilla como si estuviera pensando en algo.

—¿Estás seguro de que necesitas hacer eso para hacer realidad tu sueño? —ella pregunta—. Por qué no mejor pedirle a Santa Claus que te dé lo que quieres. O por qué no buscas la lámpara mágica de Aladino.

—¿Por qué las niñas tienen que cuestionar todo? —Wade dice, negando con la cabeza—. ¡Si queremos pedirle a Santa Claus que haga realidad nuestros sueños, tendremos que esperar hasta diciembre! Además, ¡la lámpara mágica de Aladino está en Asia! ¡No podemos llegar allí!

—¿Cuándo has visto a alguien hacer realidad su sueño por lanzar un cohete a las estrellas? Nada de eso ha sucedido antes y nada de eso sucederá.

—Pero trabajamos muy duro para hacer el cohete, y también pusimos en práctica las cuatro virtudes —digo.

—Tienes grandes esperanzas en una fantasía que nunca se hará realidad.

—¡Se hará realidad! Estoy seguro de eso.

—Sólo estás celosa de que hayamos lanzado nuestro cohete y no lo has hecho —Wade bromea.

Alguien está haciendo un ruido fuerte con una goma de borrar. Kevin probablemente esté molestando a alguien.

Me gusta mirar cuando Wade y Laura están discutiendo algo. A veces me hace reír, pero rápidamente me tapo la boca para que no se den cuenta.

Laura es la niña más inteligente que he conocido. Ella es muy amable, pero a veces siente que lo sabe todo. Puede que Wade no sea tan inteligente como Laura, pero cuando tiene la oportunidad, dice lo contrario de todo lo que ella dice. Por suerte nunca pelean de verdad.

—¡No estoy celosa, Wade! Eso no tiene sentido. ¿Por qué todo lo que soñaste de repente se hará realidad después de lanzar un cohete a las estrellas? Nadie ha hecho eso antes. Sería más fácil pedirle a Santa Claus lo que quieras.

El ruido con el borrador se vuelve aún más fuerte.

—¡Es por eso que los astronautas están en el espacio! —Wade dice—. ¡Para llegar a las estrellas y hacer realidad sus sueños!

—No seas tonto, Wade —Laura dice—. Eso no es cierto.

—¡Si, es verdad!

—¡No, no es!

—¡Niños! —Alguien grita con todas sus fuerzas y Wade y Laura se callan rápidamente.

Es el profesor Mike, el profesor de inglés. Él está frente a la clase con su cara enojada del Pato Donald, como siempre.

—Si no están interesados en tomar clases, entonces vayan a la cafetería y hablen sobre lo que quieran. ¡Ustedes están aquí para aprender! —Golpea la pizarra con tanta fuerza que estoy seguro de que el sonido se escucha en toda la escuela.

Ahora todos tienen miradas bajas. Nadie se atreve a mirarlo a los ojos. Unos momentos más tarde, respira profundamente y comienza a parecer un poco más tranquilo. Se da vuelta y comienza a escribir en la pizarra.

—Abran sus libros en la página sesenta y cuatro —el profesor Mike dice, todavía enojado.

Esta es la clase más aburrida de la escuela. Este maestro es como el diablo. Él puede enojarse mucho en un abrir y cerrar de ojos. Nadie se atreve a portarse mal delante de él. Ni siquiera Kevin y sus amigos. Siempre permanecen en silencio al fondo del aula.

—¿Y cuál es tu sueño, Jaeden? —Laura pregunta, en voz baja.

—Lo siento, pero no puedo decírtelo —le digo en voz baja también.

—¿Es un secreto?

—Es más que un secreto. Si te lo digo, mi sueño no se hará realidad.

—¡Silencio! —el profesor Mike grita.

Debe ser el maestro más aterrador de esta escuela. Está en sus cuarenta y tantos años y es calvo como mi abuelo Frank, pero Mike es más bajo y siempre lleva un traje marrón con una corbata roja. Me pregunto si es la única ropa que tiene.

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